PAULA MEDRANO es estudiante de 2º de Bachillerato en el IES Duque de Rivas. Recientemente ha ganado el primer premio en el Certamen del Instituto con un relato de una enorme calidad literaria. Le publicamos ahora este texto en nuestra revista.

Paula

 LÍNEAS

    Mire, se lo voy a explicar con dos líneas. La línea A y la B son paralelas y nunca se tocan por sí solas, andan la una delante de la otra sin verse, como si entre medias hubiera un espejo enorme que reflejaba todos los ángulos excepto el del otro. Las líneas, en su complejo de infinitas y eternas, siguen continuando y retrocediendo, cruzándose una y otra vez con molestas líneas secantes, algunas nuevas y otras que ya habían irrumpido en su sinfín de puntos muy juntos. Ahora bien y como suele pasar siempre, hay un pero, y es que la línea A (ella), embestida por una terrible goma de borrar, se fragmenta. Es un hueco que la hace llorar, que la divide en dos, acabando su infinitud y perfección. Entonces ella está triste, desamparada, cabizbaja, tiene frío y hambre.

     Lo que no se sabía era que, con aquel destrozo, el espejo se rompió en mil pedazos y la línea B (él) vio el accidente. Admiró la infinita cola de ella, totalmente paralela a la suya, y sintió una oleada de compasión cuando vio el motivo por el que se había roto la invisibilidad. Era blanco, con restos de goma por todas partes, ¡y ni siquiera lo había borrado bien! Entonces la miró, contempló las lágrimas que corrían por su cara de segmento y, armado de valor y empatía, se rompió y de un salto cayó perpendicularmente sobre ella.

    Tuvieron una relación especial durante los primeros días, solo pensaban en sus cuatro ángulos de noventa grados exactos y él acariciaba el borde mal borrado de ella como si fuera una cicatriz. A veces, incluso se reían juntos muy bajito de las líneas secantes, que no encontraban algo tan perfecto como lo que tenían ellos. Fue un período de felicidad, una felicidad lineal llena de besos rectilíneos.

   1111 Finalmente, cuando acabó ese estado de embriaguez, llegó una desazón mas cortante que ellas mismas. Discutían, no hablaban, se pedían perdón con promesas falsas que no cumplirían, dejaron de dormir juntos, de contar chistes y ambos evitaban el eje, que les recordaba a tiempos mejores que no podrían recuperar. Ella, cogiendo el toro por los cuernos, decidió separarse y convertirse en secante, es lo penúltimo que quería hacer, ya que lo último sería aguantar un cuadradito mas con él. Y, con ella convertida en secante, él también lo sería en consecuencia.

    La línea A recompuso su vida poco a poco, viajó de aquí para allá visitando otras líneas, pero evitando cuidadosamente las perpendiculares. No encontró el amor definitivo, pero le daba igual, era una línea.

    La línea B, en cambio, volvió a donde había dejado lo que quedaba de él antes de partirse y miró lo infinito y perfecto que era, cayendo en una depresión que le impedía mirar hacia otros lados. Se sentaba y con la mirada fija en su pasado se lamentaba, se autocompadecía, se maldecía por haber tomado la estúpida decisión de partirse por alguien que al final le haría tanto daño. Y mientras, a su al rededor, pasaban las demás líneas paralelas, mirando con compasión y jurándose a sí mismas que nunca iban a terminar así.

   Y, bueno, esta es la historia de cómo se degeneran las líneas. O las personas, si lo prefiere.

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