Microrrelatos I.E.S Europa, de Rivas. Marzo 2015

La sección JÓVENES TALENTOS, del programa Palabras en Vuelo del mes de marzo, estuvo dedicada a la Novela histórica y al humor en la vida. He aquí los finalistas del concurso de microrrelatos del IES Europa de Rivas.

LA IMPORTANCIA DE UNA SONRISA, de Irune Jiménez, alumna de 1º de la ESO.

– Sonríe- pidió él

– ¿Por qué? ¿Es que acaso una sonrisa va a solucionar el hambre en África?- pregunto ella furiosa- ¿Una sonrisa va a curar a todos los enfermos del mundo?

Él la miro apenado. Lo único que quería era acercarse a ella, abrazarla y susurrarle palabras tranquilizadoras al oído, pero por experiencia sabía que era mejor dejarla tranquila.

– O, ¿va una sonrisa a devolverme a mis padres?- dijo ella. Su expresión había cambiado, ya no había rastro de la ira de unos minutos antes, solo dolor. Se le escaparon unas lágrimas y se giró para que él no la viera.

– No,- él se acercó y la abrazo por detrás- tienes razón, una sonrisa no hace milagros. Pero sí que te da esperanza. Una sonrisa te demuestra que lo mejor está por venir, que tras el chaparrón sale el sol de abril. Una sonrisa hace que te levantes y que tengas el valor de seguir.- dijo él, con voz tranquila.

– ¿Una sonrisa hace todo eso?- dijo sin volverse aun.

– No sé. ¿y si pruebas?

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LA SONRISA DE LOS OJOS VERDES, de Lucía Rodríguez, de 1º de la ESO.

Nunca sonreiría… ¿Para qué lo necesitaban aquellos científicos?

Tan solo secuestraban a niños para estudiar su sonrisa, o sus carcajadas.

Al principio les salían naturales. Pero finalmente había que fingirlas, y eso ya no les gustaba tanto a aquellos señores. Se cargaba toda su investigación.

Y yo, una simple niña de doce años, no sonreía. Al principio pensé que me dejarían en paz al ver que sus experimentos no tomaban sentido conmigo, pero qué equivocada estaba. Que no sonriese tan sólo les hizo interesarse mucho más en mí.

¿Una niña que no sonríe…? ¿Qué extraño…?

Un día llegó otro niño al caserón viejo convertido hoy, en un laboratorio.

 Tenía los ojos verdes, y observaba a los científicos sin inmutarse, con el rostro serio e inexpresivo.

Lo llevaron a mi habitación en cuanto descubrieron que era como yo. Nos observamos durante horas. Un día, en una de esas sesiones de miradas expectantes, el niño de ojos verdes elevó un milímetro las comisuras de sus labios. Abrí mucho los ojos. Sonreía. Era como los demás. Y de repente, automáticamente, mis comisuras también se levantaron. Luego reímos…

Atrajimos todas las miradas, y seguimos riendo.

Entonces descubrí que la sonrisa, iba en contra de la tristeza…

Descubrí que iba en contra del miedo…

Y, descubrí que iba en contra de la maldad…

La sonrisa era una anatomía de tu cara que iba en contra de la gravedad.

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