Más allá de lo visible

Historias de mujeres pioneras: Hilma af Klint.  Zenda Libros.

Candela Arevalillo Díaz

 

Mi entrañable amigo Rudolf Steiner:

¿Cómo se encuentra usted? Permítame que le robe parte de su tiempo a pesar de conocer su intensa actividad intelectual y social.

Después de los prolíficos encuentros que hemos mantenido y por la afinidad ideológica que nos une, me atrevo a contarle algo sorprendente, sin explicación ni lógica. Le advierto de antemano que lo que le voy a relatar es un imposible que me sucedió hace tiempo. Por miedo al desprestigio social, durante muchos años he mantenido en silencio extrañas vivencias personales.

Sabe bien que soy una enamorada del arte, mi vida entera gira en torno a este mundo maravilloso de expresión creativa y mis pinceles revolotean de una forma atrevida por los espacios más sutiles y revolucionarios de mi imaginación. Aun así, no tengo más remedio que ajustarme también a los gustos pictóricos más tradicionales de mis clientes, si quiero comer y pagar mis deudas.

Todo comenzó hace mucho tiempo cuando una anciana dama, que conocía mi  prestigio como pintora, dentro de este complicado mundo en el que impera el protagonismo del hombre, vino a verme a mi estudio en el Kungstraedgaarden y me encargó un retrato al óleo de su hijo primogénito que había emigrado a Estados Unidos en el año 1880. Solo disponía de una pequeña fotografía que conservaba con un cariño enternecedor.

Emocionada tras escucharla, puse un gran empeño en que la mirada de este joven caballero fuera lo más expresiva y sagaz, y con el mayor realismo posible para complacer a mi clienta. Me propuse conseguir que madre e hijo contactaran a través de esos ojos varoniles, ayudándoles a acortar la gran distancia que les separaba entre Estocolmo y las Américas.

Un día me situé frente al lienzo para contemplar aquel rostro desconocido de un joven apuesto que transmitía inteligencia y resolución. Dejándome llevar por el silencio de mi estudio y sin intención alguna, me sumergí con calma en un paradójico tiempo sin horas. Y, en aquella atmósfera tan poco habitual, sucedió que aquellas pinceladas de colores inertes de mi cuadro comenzaron a adquirir formas ondulantes que danzaban al ritmo de la vida. En un sobresalto, aquellas pupilas impresas sobre el lienzo se dilataron más de lo que ya estaban y me atraparon de golpe en tan solo un instante. No sabía qué sucedía ni tampoco me dio tiempo a pensarlo demasiado, porque de pronto descubrí que esos ojos me miraban. ¡Sí, Rudolf, aunque parezca sorprendente, me miraban! Ante la confusión y la sorpresa, solo me dio tiempo a pensar: ¿Quién contempla a quién?  En ese momento sentí que alguien bruscamente invadía mi intimidad.

Retrocedí impactada, aunque recuperé pronto la cordura, pero aquellos ojos ya habían dicho todo lo que tenían que decir. Una semilla anidó en mi interior. Entonces percibí, sin comprender, que había traspasado las fronteras de lo imposible para ver más allá de lo permitido. ¿Sería de locos contactar con otras dimensiones de nuestro propio mundo?

El pulso se me desbocó con la experiencia increíble que había vivido. Los días pasaron y mi corazón seguía brincando dentro de mí cada vez que contemplaba aquellos ojos. ¿Cómo podría acceder de nuevo a ese joven si él no se encontraba allí?

No solo me surgió este interrogante, también comencé a preguntarme: ¿Cómo me comunicaría con mi hermana, que murió a la tierna edad de diez años? A partir de aquí, todo fue imparable y mi inquietud me condujo irremediablemente a practicar el espiritismo en un desesperado intento de recuperar de alguna forma a mi pequeña.

Siempre me había burlado de quienes decían que los ojos son las ventanas del alma, porque me consideraba una mujer moderna, libre de supersticiones y metáforas trascendentales como ésta. Sin embargo, a raíz de todo lo ocurrido, cambié radicalmente y descubrí por mí misma lo insospechado: esa sugerente ventana, ese enigmático puente a otra dimensión desde donde se puede contemplar una faceta ignota de la vida, desapercibida para aquellos que solo quieren ver y aceptar lo estrictamente establecido. A partir de aquello, y en el más absoluto secreto, me empeñé en hacer visible con mis pinceles y pigmentos todo lo que el ojo humano no puede alcanzar a ver.

Creo que esta arriesgada confesión, mi querido Rudolf, me ayudará un poco más a sosegarme y comprender ese estado de conciencia o forma de concebir la vida que, como ya pudo comprobar usted cuando me visitó en Solna a mediados de enero, he llegado a plasmar en ese más de un centenar de inmensos cuadros que guardo ocultos en un almacén y que usted me aconsejó no mostrar al mundo hasta pasados cincuenta años de mi muerte. Es muy probable que mis enormes lienzos con extrañas pinturas, diseñadas bajo un prisma abstracto, geométrico y conceptual, no sean entendidas por la Real Academia Sueca de Estocolmo, y menos aún por la sociedad tradicional en la que vivimos. Y si, además, se supiera que, junto a otras cuatro artistas, realizo escritura y dibujo automáticos durante sesiones de meditación y espiritismo, tal vez acabarían dañando seriamente mi trabajo y reputación.

Como bien tratamos en nuestra última cita, podría llegar a ser con toda seguridad pionera de una nueva corriente pictórica totalmente revolucionaria por mi arte abstracto sin precedentes, ese otro arte que me esmero por ocultar. Pero, debido a los muchos prejuicios, no se reconocería mi innovadora aportación al mundo de la pintura.

En algunas ocasiones, antes de quedarme dormida por las noches, me planteo si se asimilaría el hecho de que una mujer como yo pudiera dar un vuelco tan espectacular a la Historia del Arte.

No se olvide usted de mí.

Afectuosamente suya.

Hilma af Klint

 

Donantes de Risas y el Humor negro

Donantes de Risas y el Humor Negro

RAFAEL UBAL

(A propósito del incidente producido por unos chistes “políticamente incorrectos” atribuidos al señor Guillermo Zapata, concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid)
Desde Donantes de Risas, asociación en la que ya hace años estamos dedicados a la investigación y divulgación de cuanto tiene que ver con la teoría y la praxis del Humor y de la Risa, consideramos oportuno realizar alguna puntualización a propósito de lo que se suele entender por Humor Negro en nuestra sociedad y de las repercusiones que se pueden derivar, para bien o para mal, de unos y de otros.
En primer lugar deseo traer a la consideración de los lectores, para su propio discernimiento, el siguiente diálogo extraído de una viñeta de Máximo en el diario el País, tal cual:
– A) Hay niños esclavos, hay niñas prostituidas, hay mujeres maltratadas, hay hombres explotados.
– B) Hay terrorismo patriótico, hay bombardeos rutinarios, hay armas espantosas que entre todos pagamos, hay torturadores profesionales, hay genocidas legítimos.
– A) Hay hambre, hay ignorancia, hay pobreza, hay miseria, hay injusticia, hay cárceles, hay odio, hay fanatismo, hay dolor, hay abismos de desigualdad.
– B) A veces también, en momentos raros, hay amor y humor.
– A) Sí, es la parte incoherente de la vida.

Este texto relata lo que para nosotros es el verdadero contenido del Humor Negro (más bien Mal Humor Oscuro y Maligno) empleado en la práctica totalidad de nuestros telediarios, y que maldita la gracia que tiene. A ellos sí que los debiéramos de hacer dimitir si gozáramos de un saludable y equilibrado estado mental, por la intoxicación de masas que provocan. Y esto sucede así, no por casualidad sino que en gran parte, es consecuencia directa de las medidas hipnotizadoras adoptadas por todos los responsables de organizar la convivencia, es decir, por quienes ostentan el poder político de programarnos. Y, convendría recordar aquí, la afirmación de Karl Popper al respecto: “la historia del poder político es la historia de la delincuencia internacional y del asesinato en masa”. Ese es para nosotros, los Donantes de Risas, el verdadero motivo razonable de escándalo, el auténtico “mal humor oscuro o humor maligno” que padece nuestra sociedad y que nos ha conducido y nos sigue arrastrando a la situación que magistralmente definiera Eduardo Galeano en su obra titulada “Patas arriba: la escuela del mundo al revés” en cuyo resumen nos dice: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al principio del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”.

Pues bien, queridos lectores, de esta cruda realidad bebe toda la ficción literaria del humor negro. Ya sea en forma de chiste, de viñeta, de tebeo, de monólogo, de cuento… y si somos sensatos no nos debe escandalizar quien nos cuenta la ficción, sino quienes producen y fabrican esa realidad indeseable. No matemos al mensajero, por torpe que nos parezca, por
mal que nos la cuente. No nos quedemos mirando como imbéciles al dedo que nos señala hacia dónde debemos mirar para no caer en la fosa séptica, pues no habremos superado la inteligencia de las bestias y, nuestra bestialidad nos llevará a escandalizarnos de la deformidad del dedo que señala, mientras nos hundimos en nuestros egos y en nuestras vanidades y nuestra estupidez nos conduce a batallas estériles que envenenan de prejuicios y de censuras nuestras vidas. El verdadero Humor, sea del color que sea, pero sobre todo el Humor Negro, se salta todos los prejuicios y todas las censuras y nos instala, más allá de toda lógica y de toda moral, en la inocencia y en la anarquía más radicales. El Humor Negro es un excelente recurso despertador y deshipnotizador, motivo por el que levanta tantas ampollas tanto en los déspotas como en los serviles y razón por la que, este tipo de humor, tiene tan mala prensa en nuestra sociedad, sobrada tanto de unos como de otros, tan políticamente correctos todos ellos. Sólo seres tan excepcionalmente dotados de Humanidad como Irene Villa, son capaces de asimilarlo como toca, con una sonrisa auténtica. En segundo lugar quiero hacer memoria de un suceso acaecido en este mismo año, en concreto el 7 de enero del 2015, me estoy refiriendo al atentado perpetrado en París contra Charlie Hebdo. Quiero recordar a quienes ahora se quieren quitar de en medio al señor Zapata por unos simples chistes de humor negro, su inconmensurable hipocresía al querer aparecer en la foto oficial del 11 de enero “je suis Charlie”, cuando 40 líderes mundiales parecían estar a favor de la ficción del humor negro y en contra de la intransigencia, del dogmatismo, del fanatismo, del oscurantismo… Estos y sus respectivos correligionarios y partidarios sí que debieran dimitir. Pero parece que aún estamos muy lejos de llegar a la meta que Doña María Zambrano planteaba en su libro “persona y democracia” cuando, allá por 1958, decía: “A medida que los hombres se van sintiendo personas y van teniendo tiempo de pensar, el que va ejerciendo el poder va teniendo la exigencia de dudar. De ahí que todos los déspotas teman el pensamiento y la libertad, porque reconocer esto significa ser persona y actuar como persona cuando se manda. Pero mandar, ¿no es algo que habrá de desaparecer, que estamos buscando desaparezca?”. Hasta aquí Doña María Zambrano. Pues, en conclusión, mucho me temo que estos déspotas que sólo aspiran a mandar, aún se encuentren muy lejos de abandonar su hipócrita y prepotente actitud “políticamente correcta”. ¿Por qué en vez de quererse quitar de en medio al señor Zapata, no van a hacerse la foto con él?. Pues yo sí. Si en su día yo dije que era Charlie Hebdo, hoy digo que soy Zapata. ¡Valiente panda de Hipócritas quienes se escandalizan de unos chistes mientras alegremente y desde la impunidad hacen políticas que matan y asesinan de verdad a personas de carne y hueso!. Más vale que lean el Evangelio, Mateo 7,5: » ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano». Esto sí que “se pasa de castaño oscuro”, esto no es humor negro, es “mal humor oscuro y maligno”, pura “mala leche” que requiere de un delicado y laborioso tratamiento psiquiátrico para ser transformada en “buen yogur”. Más vale que se escandalizaran y pusieran el grito en el cielo por la llamada “Ley Mordaza”, ¡como para no reírnos!.

Rafael Ubal López (El Reyezuelito) Presidentede la Asociación Donantes de Risas / Miembro Asociación Escritores de Rivas

Cómo inquietar con un relato.

ALEJANDRO ROMERA

«De nuevo esa máxima del relato corto: lo que no suma, resta».

 

Si buscamos en el diccionario la palabra inquietud, encontraremos diferentes acepciones y, entre todas ellas, aparecerán dos palabras clave: desasosiego e interés. Si queremos inquietar con nuestro relato, por un lado debemos generar en el lector una sensación incómoda que de algún modo le produzca nerviosismo, intranquilidad, confusión y por otra generar interés en él para que quiera descubrir el final de la historia y continúe leyendo. En realidad, las dos están íntimamente relacionadas con algunos aspectos de nuestro relato que debemos controlar.

Uno de ellos sería saber manejar con conveniencia la información que ocultamos y mostramos. Nosotros en nuestra cabeza tenemos planteada la historia que queremos contar. Debemos conocer el máximo de detalles sobre los personajes y la trama para poder dar forma a nuestro relato, pero ¿hasta dónde queremos que sepan los lectores?, ¿qué parte de la historia queremos contarles y qué parte no les vamos a contar?

Quizá tan importante como preguntarnos qué información les vamos a mostrar, es preguntarnos cuándo vamos a hacerlo. Tenemos que generar dudas para después irlas resolviendo poco a poco.

Es necesario que el lector no se sienta engañado, que tenga lógica que le ocultemos lo que le estamos ocultando.  Si el narrador oculta la información para generar tensión de un modo demasiado deliberado, el lector puede llegar a apreciarlo -quizá de un modo inconsciente- y es probable que pierda el interés. Dicho de otro modo, esa ausencia de parte de la información debe ser fluida y que se perciba de un modo natural, que se note lo menos posible.

Lo ideal sería que el lector comience a hacerse preguntas desde el primer párrafo. Debemos presentar una situación, unos hechos o unos personajes extraños, diferentes. Lo ideal es que las primeras líneas estimulen la imaginación en busca de unas respuestas que, por supuesto, han de hacerse esperar.

Quizá lo más complicado viene después. Tenemos que desarrollar nuestra historia ofreciendo explicaciones que no sean demasiado explicitas. Tampoco presentarlas demasiado pronto. Debemos jugar en la cuerda floja, presentando detalles que ayuden a comprender lo que ocurre pero sin llegar a desvelarlo, y a su vez, generando nuevos enigmas que le hagan al lector replantearse la historia, hacerse preguntas.

Dicho de otro modo es conveniente generar expectativas, que el lector espere que algo grande va a suceder o está sucediendo pero que no tenga ni idea de lo qué es. El uso de indicios nos puede ayudar a conseguirlo. Pequeños detalles que colaboren a generar esa atmósfera de incertidumbre y que parezcan no tener sentido hasta el final.

El final debe llenar por supuesto esas expectativas. Es esencial que esté acorde al desarrollo del relato y, si además nos ofrece una vuelta de tuerca, aún mejor. Pero cuidado, no deberíamos sacrificar la coherencia del desenlace solo por intentar dejar al lector con la boca abierta.

Hay que elegir bien el momento de poner el punto final a la historia. En el relato corto, hay una máxima con la que estoy de acuerdo y es aquella que dice que todo lo que no suma, resta. Es decir, todo lo que no aporte algo a nuestra historia, probablemente la entorpezca y lo mejor sea eliminarlo. Por eso, si después de narrar  el desenlace y que la tensión se relaje, continuamos escribiendo, probablemente esas líneas sobren, carezcan ya de interés por parte del lector, porque ya hemos resuelto las preguntas que le mantenían vivo.

Debemos intentar dosificar la tensión. Está bien comenzar un relato con un párrafo trepidante, pero debemos dejar que la historia se relaje en algunos momentos para dar al lector la oportunidad de que respire antes de asestarle otro golpe. Llevar un buen ritmo es esencial, en ocasiones más rápido y, en ocasiones, más lento. Pero dentro de este juego de subir y bajar la intensidad, la tensión global del relato debería ir creciendo.

La descripciones, ya sean de lugares, personas u objetos, deben contribuir a generar el ambiente de intranquilidad que queremos conseguir. Si una descripción no genera la sensación que estamos buscando, quizá sea momento de plantearse eliminarla. De nuevo esa máxima del relato corto: lo que no suma, resta.

La utilización de campos semánticos puede ayudarnos a conseguir la atmosfera que buscamos, la cual –al igual que la propia trama- deberá contribuir a que la tensión del relato vaya creciendo.

Para finalizar quería dejar dos citas que me parecen interesantes:

 “Ningún escritor dispone de un poder verbal capaz de rivalizar con la imaginación de sus lectores; así, todo su arte consiste en tocar esta tecla”. Simon Leys.

“Existe algo más importante que la lógica: la imaginación”. Alfred Hitchcock

Y es que, al final, el objetivo de cualquier relato es el mismo: conectar con la imaginación de los lectores, activar algo en su cerebro que les haga preguntarse, fantasear, divagar, que les genere ansiedad por descubrir el final, en definitiva, que les haga sumergirse de lleno en la historia.