¿El escritor debe morir?

Sección de la revista COVIBAR en la que los miembros de Escritores en Rivas colaboran cada mes con sus escritos de literatura, arte, historia, ciencia y sociedad. El búho, como muchos escritores, es ave silenciosa que caza en la oscuridad. https://www.covibar.es/  Mes diciembre nº 311  Página: 36

 

¿EL ESCRITOR DEBE MORIR?

Cristina Gallardo

John Kennedy Toole decidió quitarse la vida en 1969 al no ver cumplido su sueño de publicar su novela La conjura de los necios −bueno, supongo que no sería una decisión tan simplista y habría más parámetros en la ecuación−, pero, tras la insistencia de una madre tozuda, la novela se publicó y fue reconocida con el premio Pulitzer en 1981.

Cuando, siendo adolescente, la novela llegó a mis manos, mi primera impresión fue meterla en un cajón, porque ni me atraía la trama ni despertaba en mí ningún morbo; pero siempre me ha apasionado leer y, por supuesto, le di la misma oportunidad que a otros desconocidos que pasaron por mis manos −a veces necesito la orfandad de lecturas maravillosas.

El comienzo no me gustó y el personaje me asqueó desde un primer momento, pero, a medida que la obra avanzaba, me maravilló cómo Ignatius J. Reilly comenzaba a cobrar vida y decidí embarcarme junto a él en la loca aventura que se escondía tras aquellas páginas.

Confieso que no terminé el libro por lástima, lo leí por respeto y no sé si J.K.Toole hubiera escrito algo mejor de no haber tomado aquella brutal decisión, pero lo que escribió fue suficiente para pasar a la historia.

HOPPER, Edward_Habitación de hotel, 1931_594 (1977.110)

Sin embargo, a veces pienso que lo que se llevó a Toole está ahí afuera esperando a muchos de nosotros. Desconozco cómo escriben otros autores, solo sé que en cada historia que construyo dejo como firma una pizca de mi alma, incluso en los personajes más despreciables como mi Ádam reposa un poco de humanidad.

Ádam Huxley nació para liberarme de una obsesión adolescente: el suicidio de una amiga de la familia que, aparentemente, tenía muchas cosas por las que vivir. Yo quise crear un personaje opuesto −aviso de spoiler−, poco agraciado, xenófobo, obsesivo, con demasiadas carencias afectivas, alguien que, haciéndolo todo por amor, acaba destruyéndose a sí mismo hasta que no queda nada que salvar y termina por convertirse en un monstruo. Mi monstruo.

Ádam es el protagonista de mi novela Donde sueñan los almendros, y es especial pues cobró vida ante mí, ya que él no hablaba porque yo pusiera palabras en su boca, sino que yo escribí lo que me dictó su desequilibrada cabeza.

Siempre supuse que el escritor debía mantenerse al margen de los sucesos que golpean con furia a su personaje, igual que el fotógrafo debe contenerse y no intervenir con el fin de mostrar al mundo las injusticias, pero una duda me atormenta: si fui yo quien le obligó a vivir ese calvario, ¿no debería realizar un acto de amor por él igual que lo hizo Toole?, porque, al morir, salvó a su personaje de caer en el olvido.

Llevo luchando por Ádam toda mi vida de escritora −más de los años que luchó la madre de J.K.Toole−, porque el desprecio con el que han tratado mi obra me lleva a preguntarme si el camino correcto para dignificarla no será el que tristemente tomó Toole.

CRISTINA GALLARDO. Escritora. Ha publicado las novelas Donde sueñan los almendros, De donde yo vengo… no hay gaviotas y La rebelión de los papamoscas.

https://lamiradademonalisa.com

Mis libros y yo: un caso agudo de bibliofilia

EN LÍNEA RECTA: columna con artículos de opinión de la Asociación Escritores en Rivas, en la revista digital RIVAS ACTUAL

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MIS LIBROS Y YO: UN CASO AGUDO DE BIBLIOFILIA

Ricardo Virtanen

Una de las pasiones más importantes de mi vida son los libros. Soy bibliófilo desde prácticamente mi juventud, cuando comencé una colección de libros que hoy llegan en mi biblioteca a los 5000. Es verdad que no los colecciono de manera compulsiva desde hace mucho tiempo, porque no habría sitio material para ellos, viviendo en una casa de dimensiones normales, aunque el coleccionismo, la bibliofilia es una tónica en mi vida, y me paso gran parte de mi tiempo libre localizando 1ª ediciones, libros viejos y antiguos, o ejemplares raros y especiales. A día de hoy estoy más interesado en conseguir libros anteriores al XIX que en adquirir libros actuales. En toda bibliofilia hay un aspecto compulsivo grande. En mi caso no, por el espacio, aunque qué duda cabe que mi biblioteca crece año a año a pasos agigantados hacia… no se sabe dónde.

En mi biblioteca hay de todo, porque todo me interesa: libros de filosofía, de ciencia, de historia, de música…, pero sobre todo de literatura. Mi gran biblioteca es una biblioteca literaria. En concreto, la poesía es el género en el que más me afano por conseguir libros actuales, raros, antiguos, 1ª ediciones.  Las manías de un bibliófilo le llevan a uno a coleccionar primeras ediciones, aún teniendo en mis anaqueles prácticamente una gran parte de las novelas y poemarios representativos de los últimos cien años. Por ejemplo, tengo una segunda edición de La colmena, publicada en Buenos Aires, en 1951. Pero el día en que encuentre la 1ª, y la pueda comprar, la remplazaré por la mía, que donaré o venderé, quién sabe.

Entre mis libros no hay incunables, pero abundan las ediciones de los siglos XVI y XVII. Historias de España, libros morales y filosóficos, Horacio, Fray Luis de León, Garcilaso, Fray Luis de Granada…, y tantos libros eclesiásticos cuyo valor solo es testimonial de una época tan lejana, libros objeto, únicos y de una belleza indescriptible. Mi colección del XIX es muy numerosa y jugosa. Las 1ª ediciones son más complejas de encontrar, pero ahí están todos: Pereda, Valera, Alarcón, Rosalía, Palacio Valdés, Pardo Bazán, Campoamor, Espronceda, Clarín y su Regenta en dos tomos, de 1884 y 1885, Galdós, del que tengo sus Episodios Nacionales completos, más un Bécquer, cuyas ediciones raras de su poesía son otro de los tesoros de mi colección.

En cualquier caso dentro de mi biblioteca hay dos colecciones especiales. Manías de bibliófilo difíciles de explicar. Una es la obra completa de Mario Vargas Llosa en 1ª edición (son casi 40 volúmenes), y firmados muchos de ellos por su autor. Ha resultado una empresa compleja buscar esas primeras ediciones de sus libros, y más perseguir al peruano por congresos, cafés, Ferias del libro y Encuentros literarios en busca de su dedicatoria.

La otra colección rara que poseo se ha convertido a la postre en una obsesión perenne, supongo que hasta el día de mi muerte. Se trata del libro Alicia en el país de las maravillas (Alice’s Adventures in Wonderland), del escritor y matemático inglés Lewis Carroll, e ilustrada por John Tenniel, publicado en 1865. La obsesión no es otra (coleccionismo puro y duro) que buscar el libro en todas sus traducciones, desde que se publicó en 1865. Tengo el libro traducido a setenta idiomas, entre ellos, además de todos los idiomas europeos, en árabe, japonés, vietnamita, iraní, coreano, chino… y hasta en latín. Asimismo, las ediciones en castellano -desde la primera de 1927- sobrepasan los 200 ejemplares. Las ediciones en otros idiomas las voy consiguiendo en mis viajes o las pido a amigos que viajan a países exóticos. Ha sido complejo conseguir las presas en estos cuarenta años de colección, pero desde que hay Internet, es mucho más sencillo, porque las librerías on line de todo el mundo son muy accesibles.

Los libros y los discos, lo sé con certeza, me acompañarán hasta mis últimos días. Mis amigos dicen en broma que moriré enterrado por libros y vinilos. No lo sé. Sí parece una pasión apasionante e infinita que me ha hecho y me hará mejor persona.

 

 

RICARDO VIRTANEN

Escritor, músico, poeta, crítico literario, profesor universitario, es autor de los libros de aforismos ‘El funambulista ciego’, ‘Bazar de esquirlas’, ‘Interruptores’, y la novela ‘Brillando bajo el agua’, entre otras obras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Concurso nanorrelatos

El programa cultural y literario PALABRAS EN VUELO, organizado por la Asociación Escritores en Rivas en colaboración con la Concejalía de Cultura y Fiestas de Rivas Vaciamadrid y la Librería Las Hojas, convoca un concurso de nanorrelatos con el tema Los escritores somos gente peligrosa.

La entrega de premios se llevará a cabo durante el programa Palabras en Vuelo que se realizará el lunes 12 de diciembre de 2022, a las 19:30 h. en la Sala Marcos Ana. Centro Cultural Federico García Lorca, situado en la Plaza de la Constitución, nº 3 de Rivas Vaciamadrid.

Un nanorrelato cuenta una historia con pocas palabras.

BASES:

1.-Tema: Los escritores somos gente peligrosa.

2.-Máxima extensión: 75 palabras, sin contar el título que el autor le adjudique.

3.-Podrán participar todas aquellas personas que pertenezcan a la Comunidad de Madrid.

4.-Plazo de presentación hasta el día 3 de diciembre de 2022.

5.-En el correo eléctrico se indicará el título de la obra, nombre completo del autor, nº de teléfono y lugar de residencia. En archivo adjunto se enviará el nanorrelato solo con el título, de forma anónima, y en .doc (por favor, en pdf no).

6.-Enviar a escritoresenrivas@gmail.com

7.-El jurado estará compuesto por escritores de la Asociación Escritores en Rivas.

8.-Los nanorrelatos finalistas serán leídos por sus autores durante el programa.

9.- Es imprescindible la asistencia del autor para recibir el premio o, en su defecto, alguien que lo represente.

10.-Los autores de los dos mejores textos recibirán un diploma, libros, entradas para el auditorio Pilar Bardem y publicación de la obra en la revista ER.

11.-Los asistentes al programa concederán un tercer premio: Premio del Público.

12.-Entrega de premios en el programa cultural Palabras en Vuelo del lunes 12 de diciembre de 2022, a las 19:30 h., que se celebrará en el Centro Cultural Federico García Lorca, situado en la Plaza de la Constitución, nº 3 de Rivas Vaciamadrid.

 

Fulanito de tal

EN LÍNEA RECTA: columna con artículos de opinión de la Asociación Escritores en Rivas, en la revista digital RIVAS ACTUAL

https://www.rivasactual.com/fulanito-de-tal/

FULANITO DE TAL

José Guadalajara

En la vida y en la muerte hay personas que pasan desapercibidas, sin otra voz que la voz de la mansedumbre o la ronquera. Su don de la indiferencia las ata al presente cotidiano, con un deseo activo de no romper filas y de no mostrar su cara al público para seguir existiendo en su perpetuo anonimato. Un día se van, y ya se quedan siempre muertas en su tumba o disueltas en ceniza sobre el viento de un barranco o entre las anémonas de un océano infestado de plástico. Se han marchado tan solo con su vida por delante.

Yo conocí en tierra extraña a un fulanito de tal que era así ─de verdad que no me lo invento─, un fulanito, a veces menganito, y otras, zutano, que vivía en boca del silencio, sin un ruido mediático, sin un twit ni un me gusta, sin un teclado de móvil ni una pose divertida en Instagram. Siempre hablaba en pasado, como si el uso de ese tiempo verbal fuera ya un anticipo del olvido que le aguardaba.

Su nombre, que podría ser el de Pedro o Amalio o Cristino o Lázaro, entraba dentro de esa categoría difusa en la que se convierten los otros en boca de los otros; es decir, esa categoría innoble e insustancial, a veces despectiva y disgregadora, que todos empleamos cuando nos referimos a «la gente»: «No aguanto a la gente». «Cuánta gente de vacaciones». «No entiendo cómo la gente no se da cuenta» … o cosas por el estilo.

 Y es que la gente son los otros, pero no nosotros.

Así, fulanito de tal era gente y, como tal, masa incierta, ignota e ignorada, sin pies ni cabeza, sin una identidad propia que provocara un simple arrebato de admiración.

La vida y el arte, cuando muere el tiempo, se dan cita de un modo separado: puede permanecer la obra, pero no, la vida. Se van los artífices, los pintores y los poetas y nos dejan sus nombres y un apellido célebre en las enciclopedias. Otras veces ni eso: ¿Qué fulanito pintó la cierva de Altamira? ¿Qué mengano compuso el Poema de Gilgamesh? ¿Qué zutano esculpió la estatua del emperador Augusto de Prima Porta?  ¿Qué perengano escribió aquello de «A mí me llaman Lázaro de Tormes»?

Sus nombres quedan diluidos en sus obras, porque sus vidas se marcharon sin remedio en una tarde de verano o en una noche de tormenta. Queda su impronta en el estilo y en las ideas y sentimientos comunicados. Quedan su influencia y repercusión sobre los otros, los de entonces y los de después. Están ahí en su esencia más pura, porque los Cervantes, los Botticellis, los Voltaires, las Kahlos o los Kubricks son simples etiquetas para comenzar a rastrear sus itinerarios creativos.

La memoria está llena de agujeros, de túneles y oquedades escabrosas; en ocasiones, tiene sus autopistas de peaje o sus carreteras locales de doble sentido. Un ceda el paso o un stop nos ponen en estado de alerta, y un semáforo nos avisa de tres opciones en la vida: puedo quedarme en verde para seguir mi búsqueda y mi camino; estacionarme en un rojo continuo y sin salida o parpadear en ámbar hasta definir qué decido.

La existencia de cada uno es un juego constante entre el recuerdo y el olvido.

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JOSÉ GUADALAJARA es investigador y novelista, autor de La luz que oculta la niebla, El alquimista del tiempo, Cien microhistorias de la Historia y Fado por un rey, entre otras. https://www.joseguadalajara.com/

¡Entretente, diviértete, sé feliz!

EL DESPERTAR DEL BÚHO

Sección de la revista COVIBAR en la que los miembros de Escritores en Rivas colaboran cada mes con sus escritos de literatura, arte, historia, ciencia y sociedad. El búho, como muchos escritores, es ave silenciosa que caza en la oscuridad. https://www.covibar.es/  Mes noviembre nº 310  Página: 35

 

¡ENTRETENTE, DIVIÉRTETE, SÉ FELIZ!

José Pons

En los centros de enseñanza, exige a los «profes» diversión y entretenimiento. En el trabajo, diviértete. La empresa lo agradece: rindes más, creas ambiente positivo. Cuando no trabajas, también, diviértete. Si tienes problemas, relativiza y ¡entretente! Si reflexionas, que tus pensamientos sean divertidos y felices: ¡tú puedes!

Dotar de positividad a la vida induce a la eficiente superación de los obstáculos y a la consecución del mundo feliz.

Toda la problemática del ser humano debe afrontarse desde la óptica del entretenimiento y la diversión; mejor, si lo haces con una cerveza en el bar libremente elegido.

El omnipresente mensaje actual es: ¡Haz de tu vida algo entretenido, divertido, feliz! ¡Es terapéutico, salvífico!

Y para solventar un posible fallo, acude al «algoritmo»: ¡te asegura la felicidad derivada del entretenimiento, la diversión y el consumo!

Todo esto viene a que una editorial me pidió una pieza teatral sobre la crisis, y me recomendó: «¡Mientras escribes sé feliz! ¡Pero, sobre todo, que el producto sea divertido! Debemos entretener al lector. De no ser así, no te leerán. Y si no te leen…».

Aceptada la encomienda, me quedé pensando: ¿La gente necesita tanto la diversión? ¿Es tan pobre intelectualmente que tiene que ser distraída por otros? ¿A alguien le interesa que la gente esté continuamente entretenida? ¿Y con qué? ¿Con libros como los de este grupo editorial? A los de la editorial, ¿qué les divierte? ¿El dinero obtenido por entretener a la gente con las obras que escribimos «intelectuales» y «creadores» a los que nos dicen que seamos divertidos para hacer felices a las gentes que, una vez felices y entretenidas, mueven las finanzas de los que quieren que la gente sea feliz porque les interesa?

Intuí que era un ciclo infinito y me dio por investigar.

El diccionario de la RAE me reveló que «distraer a alguien impidiéndole hacer algo» y «dar largas, con pretextos, al despacho de un negocio» son significados, entre otros, de «entretener», y que el de «divertir» es «apartar, desviar, alejar» o «dirigir la atención del enemigo a otras partes, para dividir y debilitar sus fuerzas» y que «distraer», sinónimo de ambas, significa «apartar la atención de alguien del objeto a que la aplicaba o a que debía aplicarla».

«¿Qué tendrá que ver la lexicología con nuestro sistema político-económico de la eficiencia, la felicidad y la libertad?». Me pregunté inmediatamente.

Y, de manera inopinada, me vi sumergido en conceptos obsoletos como «deleitar enseñando», «pan y circo», «arte como mímesis», «tragedia como purificación» y la afirmación de Adorno: «La misión del Arte es introducir el caos en el orden».

Perdonadme por no haberos hecho felices con palabras nada divertidas ni entretenidas y que, por el contrario, al haceros perder el tiempo leyéndolas, han conculcado vuestro derecho al libre entretenimiento.

Expío mi culpa, confortado con las palabras de Motti Lerner, dramaturgo israelí, según las cuales ha de surgir una «generación de dramaturgos –yo la amplío a creadores– que reconozca que el talento de escribir es un don, no solo para expresar lo que sucede en su mundo interior, sino también para crear un profundo cambio social y político –yo añadiría ideológico– que nos redima a todos». O con las otras de B. Brecht: «En tiempo de guerra hablar de árboles es casi un crimen, puesto que supone guardar silencio sobre muchos horrores».

 

JOSÉ PONS es dramaturgo, actor y novelista. Entre sus obras destacan Omo y Crónica de la indiferencia (teatro) y Diario de un superviviente de la crisis (novela).

http://josepons.net

Todos dicen I love you

EN LÍNEA RECTA, artículos de opinión de la Asociación Escritores en Rivas en la revista RIVAS ACTUAL.

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TODOS DICEN I LOVE YOU

Jesús Jiménez Reinaldo

     Septiembre se despide con el anuncio de la retirada del director de cine Woody Allen, un creador personal que, a sus ochenta y siete años, y con casi cincuenta películas a su espalda, ha merecido el reconocimiento del público mundial, singularmente en Europa, donde su humor y su intelectualismo se han entendido siempre como una oposición divertida y crítica al vacuo mundo de acción y sentimentalidad del Hollywood más recalcitrante. Afilado y sagaz, nos ha brindado sobre todo la disección espléndida de una clase social, la alta burguesía neoyorquina de los últimos cincuenta años, cuyos amores adúlteros, trastornos psicológicos y profesiones liberales naufragan en un vaso de bourbon o en una novela a medio escribir.

   Los medios de comunicación nos han ofrecido la noticia como quien oferta un quilo de pollo en bandeja de plástico, es decir, servida de manera fría y con fecha de caducidad, tal vez sopesando que será más efímera su actualidad que la del fallecimiento y entierro real de Isabel II de Inglaterra. Y si a la monarca le han dedicado documentales y crónicas que han alabado su interminable reinado (pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión), del director de «Interiores» no han faltado listas de lo más variadas con sus diez o veinte mejores películas según los críticos, concluyendo siempre en la genialidad de «Annie Hall» o la maestría de «Manhattan».

   Los espectadores de sus filmes, no obstante, sentimos que hemos crecido, aprendido y madurado con él a lo largo de sus años de profesión, desde aquellas primeras producciones que tenían un humor provocativo («Toma el dinero y corre») hasta las que se han ido tiñendo de nostalgia y nihilismo («Midnight in Paris»), de tal modo que su universo creativo nos ha nutrido con generosidad mientras tratábamos de vivir una existencia que fuera tan intensa como la del ama de casa que quiere huir de un matrimonio desgraciado en «La rosa púrpura del Cairo». Ese universo es, en muchas facetas, parte de nosotros y con su despedida sabemos que también perdemos algo nuestro.

   En los últimos años su imagen artística se ha visto enturbiada por la exposición pública de su vida privada, a la que tan aficionada es la industria amarillista, cada vez más infiltrada en el mundo del entretenimiento por los magros dividendos que percibe de la exhibición de carne al peso, hasta el punto de que se ha cuestionado la moralidad y la integridad del autor de «Zelig». Seguramente aquellos que anteponen criterios éticos a los puramente creativos preferirían que este artículo se titulase «Delitos y faltas», y no como está encabezado recurriendo al título del musical de 1997 que homenajeaba con efervescencia las películas de Fred Astaire, pero yo prefiero sumergirme en ese mundo cínico y brillante de aristócratas en Venecia, falsarios en París y amantes abandonados en una Nueva York que, si no existiera, habría que inventarla para que pudiéramos refugiarnos de nuestra soledad en ella. Muchas gracias por todo, señor Allen.

JESÚS JIMÉNEZ REINALDO. Licenciado en Filología Hispánica, poeta y articulista, es autor de los libros de poesía La mística del fracaso y Los útiles del alquimista, entre otros.

 

 

Cien años de «Desolación»

EN LÍNEA RECTA, artículos de opinión de la Asociación Escritores en Rivas en la revista RIVAS ACTUAL.

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Cien años de «Desolación»

Luis Quiñones

            Este año se cumplen cien desde la aparición de uno de los libros más importantes de la literatura en nuestra lengua. En 1922, en Nueva York, publica Gabriela Mistral su obra más celebrada, Desolación, gracias al impulso del crítico Federico de Onís que, desde la Universidad de Columbia, insta a la autora a reunir sus poemas y publicarlos, convirtiéndose, en palabras de Volodia Taitelboim, en «el libro capital de la poesía latinoamericana del siglo XX y uno de los más singularmente trágicos».

            Poeta errante, llamaron a Gabriela Mistral, escritora cosmopolita, que mantuvo vínculos con México y España y que además ejerció de maestra rural, de pedagoga y de diplomática. Vivió en Brasil, donde le acontece uno de los más trágicos sucesos de su existencia, el suicidio de un sobrino a quien había criado como a un hijo, y del que se cree que fue en verdad su propio hijo, fruto de una relación secreta con un amante italiano. Su vida sentimental ha sido objeto de inútiles y hueras polémicas: sus parejas, todas femeninas, quizás hayan colocado a la autora en una posición difícil de entender para sus coetáneos, por su doble condición de mujer y lesbiana. Al margen de eso, la autora se halla en territorios indefinidos, fuera de la vanguardia, por ejemplo, y alejada del último modernismo, lo que hace que su obra sea merecedora del Nobel en 1945, siendo la primera latinoamericana en recibirlo.

            Desolación es un ejemplo de poesía que transita por lugares insospechados ya en su época. Recurre a un lenguaje que hunde sus raíces en la mística, en un encuentro entre Dios, el hombre y la belleza, y que hace del verso  vehículo para la comunicación con Cristo: «Aquí me estoy, Señor, con la cara caída / sobre el polvo, parlándote un crepúsculo entero», escribe en el poema «El Ruego». El diálogo con Dios resulta de una concepción heterodoxa de este, que entronca con el humanismo de Machado y con el preexistencialismo de Unamuno, por encontrar dos paralelismos entre escritores más cercanos: «Cuerpo de mi Cristo / te miro pendiente / aún crucificado. / ¡Yo cantaré cuando / te hayan desclavado!». La alusión a lo que tiene de hombre, de hombre vivo, es parecida a la de la famosa «Saeta» machadiana, que canta al Jesús que camina.

            La naturaleza en su poesía es una reivindicación de la vida, íntima y femenina: «Esta alma de mujer viril y delicada, / dulce en la gravedad, severa en el amor…» es el comienzo de «Encina», poema incluido en la segunda parte de Desolación, dedicada a la escuela y al papel de la maestra, el de esa sombra protectora de los árboles. Y no los hay tan airados como ese hombre que esculpió Rodin, reflexivo y trágico: «(…) y no hay árbol torcido / del sol en la llanura (…) / crispado como este hombre que medita en la muerte».

            Su hondura y su voz sortean las fronteras que imponen los estudios académicos, en los que la nacionalidad nos hace perdernos en disquisiciones absurdas. Imprescindible su lectura en estos tiempos de ruido y griterío. Cómo no releer la obra de quien dejó escrito en su epitafio «lo que el alma hace por el cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo»: poesía hasta en sus palabras últimas.

Luis Quiñones. Llicenciado en Filología Hispánica y profesor en Rivas-Vaciamadrid. Autor, entre otras, de la novela ‘Crónica del último invierno’, y del ensayo ‘La oveja negra que devoró el manual de literatura’.

http://www.luisquiñonescervantes.com/

 

¿Qué no es ciencia-ficción?

EL DESPERTAR DEL BÚHO

Sección de la revista COVIBAR en la que los miembros de Escritores en Rivas colaboran cada mes con sus escritos de literatura, arte, historia, ciencia y sociedad. El búho, como muchos escritores, es ave silenciosa que caza en la oscuridad. https://www.covibar.es/  Mes septiembre nº 309  Página: 35

¿QUÉ NO ES CIENCIA-FICCIÓN?

Miguel Arenas

¿Puede, hoy en día, una novela de ficción ser un «best-seller» si no destila por sus páginas sangre, violencia o terror? Yo me atrevería a decir que no. Además, si la llevamos al futuro y la dotamos de tintes distópicos, colocándole la etiqueta de «Ciencia-Ficción», seguro que aumenta la probabilidad de que sea un éxito de ventas. Incluso, podría acabar como guion de una serie para las plataformas televisivas.

Los seres humanos del presente necesitamos vislumbrar un futuro aterrador o alucinante. Como niños maleducados, justificamos nuestras pataletas en la maldad que emana de la ciencia y la tecnología. Así, nunca seremos responsables de nuestra propia autodestrucción porque la culpa será de los demás, en este caso de los científicos o tecnólogos.

Para mí, la Ciencia-Ficción consiste en utilizar adecuadamente una base científica para construir una narración futurista, que dé soporte a historias de aventuras, amor o cualquier otro género y se atreva a fantasear o teorizar sobre la vida en el futuro. Lo fundamental es que haga un uso justificado y razonado de los hechos científicos incluidos en ella. Estrictamente hablando, sería ciencia usada para la ficción.

Acorde con esta definición, los verdaderos exponentes de mi Ciencia-Ficción serían Julio Verne e Isaac Asimov. Sin embargo, para la mayoría de escritores y lectores actuales, Ciencia-Ficción y distopía deben ser sinónimos. Baste pensar que se califica a Fahrenheit 451 de Ray Bradbury ―escrita en 1953― o 1984 de George Orwell ―escrita en 1948― como los iconos de la Ciencia- Ficción moderna. Sin poner en duda la calidad literaria y el éxito de ambas, para mí carecen del cincuenta por ciento de la definición. En la primera de ellas, por ejemplo, si excluimos que 451 grados Fahrenheit es la temperatura a la que combustiona el papel, no hay más base científica en su desarrollo. Sí son, sin duda, excelentes ficciones futuristas que proyectan una sociedad antihumana y catastrófica, que deseo que ni yo ni mis descendientes tengamos la desgracia de padecer; aunque lo que nos está sucediendo en los últimos años parezca abocarnos, inevitablemente, a ese abismo que describían.

Lo mismo sería aplicable a todas las novelas de superhéroes, viajes intergalácticos o extraterrestres. En ellas, la ciencia es una excusa y no un conductor razonado y necesario de la trama. Es decir, invierten los papeles y hacen ficción de la ciencia.

No busco con esta reflexión generar una absurda polémica sobre la correcta aplicación del término Ciencia-Ficción. Lo que yo, impulsado por mi vocación científica y tecnológica, quiero reivindicar es el correcto uso del término ciencia en ese binomio. Es lícito, dentro de la ficción, tratar de usar a la ciencia como excusa para justificar la creación de escenarios catastróficos que hagan atractivas las tramas de las novelas futuristas, pero no lo es el afirmar que ese es el único destino futuro de la ciencia, ni para la vida real ni para las novelas.

La ciencia es neutra y será buena o mala para la humanidad dependiendo del uso o abuso que se haga de ella. Ya sé que hablar de un mundo idílico, conseguido gracias a las posibilidades que nos brinda la tecnología o la ciencia, no es atractivo para la audiencia ni para los medios de comunicación o los políticos. Ellos prefieren el caos, el alarmismo y crear una sociedad atemorizada que sucumba a sus dictaduras.

Demos a la ciencia lo que de la ciencia debe ser y hagamos ficción con lo que queramos, pero vigilemos lo que llamamos Ciencia-Ficción. No caigamos en la tentación de usarla solo para poner sangre y terror en nuestras distopías y ganar cuota de lectores.

 

MIGUEL ARENAS MARTÍN es licenciado en Ciencias Físicas y escritor. Autor de los libros Doble vida en el laberinto, La realidad que el espejo esconde y Culpa de sangre, entre otros. www.nosoyundinosaurio.es

 

Los límites de un Estado de Derecho

EN LÍNEA RECTA, artículos de opinión de la Asociación Escritores en Rivas en la revista RIVAS ACTUAL. https://www.rivasactual.com/los-limites-de-un-estado-de-derecho/

LOS LÍMITES DE UN ESTADO DE DERECHO

Elizabeth Cardona

 

John Godfrey Saxe, político y poeta fracasado de mediados del siglo XIX, nos dejó una frase subyugante: «Las leyes, como las salchichas, dejan de inspirar respeto a medida que sabes cómo están hechas». Las hay que sirven para legitimar una declaración de guerra y dotar de derechos a los vencedores sobre los vencidos. Los ciudadanos no ganan ni pierden una batalla patriótica: la pagan con su sangre, su vida, y el horror ante las atrocidades. Y la guerra no es más que una simple cuestión de avaricia y de ansia de poder de unos pocos a los que nunca se les ve en los campos de batalla. Es fácil comprobar que las grandes fortunas se han amasado gracias a la producción armamentística, y al generar una cantidad de dinero vergonzosa a sus empresarios, siempre habrá guerras.

Hannah Arendt publicó Eichmann en Jerusalén: un estudio acerca de la banalidad del mal, a propósito del juicio en 1961 contra el teniente coronel de las S.S., Adolf Eichmann, por su participación en los crímenes de los campos de exterminio nazis. En el juicio reconoció los hechos y los justificó diciendo que obedecía órdenes de sus superiores, aunque no los tuviera. Se sometió al juicio, sabiendo que iba a ser condenado a muerte, con un argumento banal: quería aliviar la carga de la conciencia de la juventud alemana ante el genocidio vivido, para que no se sintieran culpables de lo que habían hecho sus padres.  Antes de su entrada en el ejército alemán, fue un ciudadano modelo, pero, después de los crímenes cometidos, huyó y volvió a comportarse como un ciudadano normal. Simplemente sacó a su monstruo cuando las circunstancias fueron propicias. La pregunta es ¿cuántos monstruos hay en un ejército?

Los Estados están sometidos a las reglas de la guerra, con los Tratados Internacionales. Esas reglas son numerosas y han ido cambiando a lo largo del tiempo, pero tienden a prevenir los actos más salvajes cometidos por los miembros de un ejército. Como si la guerra, en sí misma, no fuera un acto de verdadera brutalidad.

La guerra ruso-ucraniana viene de lejos. En 2013 los ciudadanos ucranianos se manifestaron de forma pacífica contra la corrupción política. Fue reprimida por soldados y policías ucranianos de forma brutal, pero consiguieron su propósito y el presidente prorruso fue depuesto en el Parlamento. El documental Maïdan de Sergei Losnitza, realizado en 2014, nos deja imágenes estremecedoras de este levantamiento popular. Fue el inicio de una guerra. Ucrania atravesaba una grave crisis económica que se agravó cuando la región del Donestk, con grandes reservas de carbón, litio, manganeso y extensas áreas de cultivos, proclamó de forma unilateral su independencia como zona prorrusa. Ucrania mandó sus tropas a la región, donde el ejército ucraniano cometió verdaderas atrocidades. También tenemos las imágenes del conflicto en el documental Donbass de Anne Laure Bonnel de 2016, calcadas a las de la invasión rusa, del terror sufrido por los civiles.

La ONU, creada para la prevención de la guerra, poco puede hacer para el mantenimiento de la paz en el mundo, porque está supeditada al poder de los Estados de atacar o defenderse a través de las armas. Y todos los Estados, incluida cualquier tiranía o dictadura, se rigen por leyes que sus ciudadanos tienen que acatar, son Estados de Derecho, sin más límites que los que impongan sus gobernantes. Y no nos engañemos, la mayoría de ellos no tienen límite alguno en su avaricia y sus ansias de poder, que legitiman a través de normas jurídicas, aunque constituyan un suplicio para la inmensa mayoría.

 

Elizabeth Cardona es doctora en Derecho. Ha sido magistrada en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y Fiscal. Autora de El Jurado. Su tratamiento en el Derecho Procesal español, y la novela La conspiración de la inocencia

Los derechos humanos no se tocan

EN LÍNEA RECTA, artículos de opinión de la Asociación Escritores en Rivas en la revista RIVAS ACTUAL. https://www.rivasactual.com/los-derechos-humanos-no-se-tocan/

LOS DERECHOS HUMANOS NO SE TOCAN

 Cristina Gallardo

Han sido muchos los momentos importantes que hemos compartido como familia humana y que nos han distinguido como seres inteligentes: el control del fuego, el lenguaje y la escritura, el arte, la electricidad y las comunicaciones, la higiene, el descubrimiento de la penicilina y la insulina o, cuando pretendimos conquistar el espacio y nos sentimos tan poderosos que incluso dejamos, en representación de toda la humanidad, la simpática huella de una pisada en la Luna.

 Si recayese en mí señalar un único acto que nos defina como especie inteligente y sensible hasta podría poner una fecha: el 10 de diciembre de 1948, el día que se ratificó la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Siempre me viene a la mente la imagen de Eleanor Roosevelt sosteniendo orgullosa una Declaración que se gestó para dar respuesta a la barbarie experimentada por todos los pueblos del mundo durante la Segunda Guerra Mundial. Todos sus puntos son de enorme relevancia para la humanidad, pero, como sería muy extensa su enumeración, solo quiero hacer hincapié en que en su último artículo se recuerda al Estado que no puede suprimir ninguno de los derechos y libertades proclamados en ella.

Los dos años invertidos en su cuidada elaboración no fueron un camino de rosas, porque ni siquiera cuando el ser humano defiende al ser humano es capaz de ponerse de acuerdo. Ni todas las naciones estuvieron en sintonía en todos los puntos; sin embargo, a día de hoy existen unos derechos que nos protegen y a los que no deberíamos renunciar por un plato de lentejas. Hemos evolucionado mucho, sí, pero esos puntos aún no están impresos en nuestro ADN.

De todas formas, para nosotros esos derechos fundamentales no llegaron hasta más tarde, con la firma en 1978 de nuestra Constitución, que no es perfecta, que necesita más de un retoque y que nos encumbró a la categoría de ciudadanos del mundo, pues, al firmarla, integramos en nosotros todos aquellos derechos que ya llevaban circulando por el mundo treinta años.

Nuestras libertades descansan sobre un memorial de muertos cuyos rostros se han ido desvaneciendo en el tiempo. Honremos su memoria impidiendo que se sigan pisoteando nuestros derechos solo porque el miedo nos mantiene paralizados. Los gobernantes llevan años poniéndonos a prueba y saben cómo asustarnos, porque no todo son guerras que suceden a miles de kilómetros de casa. A veces el miedo se disfraza de tirano ruso o de militar chino, pero en otras ocasiones se esconde tras un pangolín, un murciélago o un niño que empuña un arma, y lo que es más aterrador, se oculta detrás de aquello que no es tangible, como la vejez en soledad, la pobreza y el desempleo.

Sí, ellos saben cómo asustarnos; por eso debemos mantenernos unidos. No olvidemos que los Derechos Humanos son como esa única pisada en la Luna: LA HUELLA QUE NOS REPRESENTA A TODOS.

CRISTINA GALLARDO. Escritora. Ha publicado las novelas Donde sueñan los almendros, De donde yo vengo… no hay gaviotas y La rebelión de los papamoscas.

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