¿Qué no es ciencia-ficción?

EL DESPERTAR DEL BÚHO

Sección de la revista COVIBAR en la que los miembros de Escritores en Rivas colaboran cada mes con sus escritos de literatura, arte, historia, ciencia y sociedad. El búho, como muchos escritores, es ave silenciosa que caza en la oscuridad. https://www.covibar.es/  Mes septiembre nº 309  Página: 35

¿QUÉ NO ES CIENCIA-FICCIÓN?

Miguel Arenas

¿Puede, hoy en día, una novela de ficción ser un «best-seller» si no destila por sus páginas sangre, violencia o terror? Yo me atrevería a decir que no. Además, si la llevamos al futuro y la dotamos de tintes distópicos, colocándole la etiqueta de «Ciencia-Ficción», seguro que aumenta la probabilidad de que sea un éxito de ventas. Incluso, podría acabar como guion de una serie para las plataformas televisivas.

Los seres humanos del presente necesitamos vislumbrar un futuro aterrador o alucinante. Como niños maleducados, justificamos nuestras pataletas en la maldad que emana de la ciencia y la tecnología. Así, nunca seremos responsables de nuestra propia autodestrucción porque la culpa será de los demás, en este caso de los científicos o tecnólogos.

Para mí, la Ciencia-Ficción consiste en utilizar adecuadamente una base científica para construir una narración futurista, que dé soporte a historias de aventuras, amor o cualquier otro género y se atreva a fantasear o teorizar sobre la vida en el futuro. Lo fundamental es que haga un uso justificado y razonado de los hechos científicos incluidos en ella. Estrictamente hablando, sería ciencia usada para la ficción.

Acorde con esta definición, los verdaderos exponentes de mi Ciencia-Ficción serían Julio Verne e Isaac Asimov. Sin embargo, para la mayoría de escritores y lectores actuales, Ciencia-Ficción y distopía deben ser sinónimos. Baste pensar que se califica a Fahrenheit 451 de Ray Bradbury ―escrita en 1953― o 1984 de George Orwell ―escrita en 1948― como los iconos de la Ciencia- Ficción moderna. Sin poner en duda la calidad literaria y el éxito de ambas, para mí carecen del cincuenta por ciento de la definición. En la primera de ellas, por ejemplo, si excluimos que 451 grados Fahrenheit es la temperatura a la que combustiona el papel, no hay más base científica en su desarrollo. Sí son, sin duda, excelentes ficciones futuristas que proyectan una sociedad antihumana y catastrófica, que deseo que ni yo ni mis descendientes tengamos la desgracia de padecer; aunque lo que nos está sucediendo en los últimos años parezca abocarnos, inevitablemente, a ese abismo que describían.

Lo mismo sería aplicable a todas las novelas de superhéroes, viajes intergalácticos o extraterrestres. En ellas, la ciencia es una excusa y no un conductor razonado y necesario de la trama. Es decir, invierten los papeles y hacen ficción de la ciencia.

No busco con esta reflexión generar una absurda polémica sobre la correcta aplicación del término Ciencia-Ficción. Lo que yo, impulsado por mi vocación científica y tecnológica, quiero reivindicar es el correcto uso del término ciencia en ese binomio. Es lícito, dentro de la ficción, tratar de usar a la ciencia como excusa para justificar la creación de escenarios catastróficos que hagan atractivas las tramas de las novelas futuristas, pero no lo es el afirmar que ese es el único destino futuro de la ciencia, ni para la vida real ni para las novelas.

La ciencia es neutra y será buena o mala para la humanidad dependiendo del uso o abuso que se haga de ella. Ya sé que hablar de un mundo idílico, conseguido gracias a las posibilidades que nos brinda la tecnología o la ciencia, no es atractivo para la audiencia ni para los medios de comunicación o los políticos. Ellos prefieren el caos, el alarmismo y crear una sociedad atemorizada que sucumba a sus dictaduras.

Demos a la ciencia lo que de la ciencia debe ser y hagamos ficción con lo que queramos, pero vigilemos lo que llamamos Ciencia-Ficción. No caigamos en la tentación de usarla solo para poner sangre y terror en nuestras distopías y ganar cuota de lectores.

 

MIGUEL ARENAS MARTÍN es licenciado en Ciencias Físicas y escritor. Autor de los libros Doble vida en el laberinto, La realidad que el espejo esconde y Culpa de sangre, entre otros. www.nosoyundinosaurio.es