El poder de escribir

EL DESPERTAR DEL BÚHO, sección dedicada a artículos de opinión de la Asociación Escritores en Rivas en la revista Covibar. https://www.covibar.es/  Mes abril nº 306  Página: 34

EL PODER DE ESCRIBIR

Alejandro Romera

Recuerdo un niño de nueve años fantaseando con vivir aventuras junto a piratas y extraterrestres. Recuerdo también a un adolescente viviendo el amor y el desamor como si del último día de su vida se tratara. Quizá también, si hiciera el esfuerzo, podría recordar a un veinteañero con ganas de cambiar el mundo y luchar por las injusticias. O a un hombre ya entrado en la edad madura conociendo el significado de la paternidad desde su óptica más hermosa, pero también la más oscura. Y me pregunto qué habría sido de todas esas personas sin la escritura, sin la necesidad de sentarse frente al ordenador y dar rienda suelta a todo lo que les corría por dentro, sin la calma que les proporcionaba un bolígrafo en sus manos. Me pregunto qué habría sido de ellos sin esa herramienta tan poderosa, sin esa vía de escape.

En estos tiempos en los que la salud mental por fin comienza a ser considerada y respetada, la literatura se abre quizá como uno de los caminos con más potencial para ayudarnos en un proceso que todos recorremos.

Escribir –o leer– es uno de los modos más auténticos que tenemos de calzarnos otros zapatos y obligar a nuestra mente a hacer casi todo el trabajo. Todas las imágenes se construyen en nuestra cabeza a partir de las palabras del autor, no nos las dan hechas, y quizá por eso haya más implicación en un lector que en un espectador en televisión. Y es que, al meternos en otra piel, entendemos la vida y nos entendemos a nosotros mismos. Ya sea como lectores o como escritores, la capacidad de la literatura para abrir nuestra mente es infinita.

No son pocos los autores famosos que sufrieron trastornos mentales de algún tipo. Virginia Wolf acabó suicidándose tras una vida combatiendo la depresión, Ernest Hemingway escogió el camino del alcohol para aliviar sus fantasmas y a Franz Kafka la depresión y la ansiedad social lo acompañaron toda su vida. Son solo tres ejemplos de una larga lista.

¿Cómo influyó la escritura en los procesos que vivieron? ¿Fue una ayuda o más bien una carga? ¿O tal vez las dos cosas? ¿Apareció la escritura como un refugio para poder volar lejos de su realidad y vivir otras vidas?

La salud mental es un tema que está poco a poco dejando de ser un tabú. A nuestro alrededor, lo que antes era oscuridad ahora se plantea de un modo más abierto, y no son pocas las personas que reconocen recibir ayuda de un psicólogo sin ninguna vergüenza, algo impensable hasta hace pocos años cuando asistir a terapia era equivalente a estar loco. La salud mental, uno de los pilares de cualquier persona, va poco a poco tomando la importancia y la naturalidad que merece.

La escritura es una herramienta cada vez más utilizada por los profesionales de la psicología. El poeta Ángel González decía que sus textos son de algún modo resultado de sesiones terapéuticas en las que él es médico y paciente al mismo tiempo. Sea utilizada deliberadamente con fines terapéuticos o no, la escritura tiene un gran poder. Como una forma de entender mejor el mundo, como un grito de desahogo, un medio para hablar con los que no están, con los que no escuchan, como una reivindicación sobre algo que nos remueve o por el simple disfrute de crear.

Miro atrás y no recuerdo cuando empecé a escribir. Llevo haciéndolo desde que tengo uso de razón –quizá antes– y, en cada etapa, la escritura me ha acompañado de un modo u otro. No sé cómo habría discurrido mi vida sin ella. Lo que sé es que, sin duda, hoy sería otra persona.

ALEJANDRO ROMERA, escritor e ingeniero de Telecomunicaciones es autor de los libros de relatos Kichay y Miedos, entre otros.

 

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