¿El escritor debe morir?

Sección de la revista COVIBAR en la que los miembros de Escritores en Rivas colaboran cada mes con sus escritos de literatura, arte, historia, ciencia y sociedad. El búho, como muchos escritores, es ave silenciosa que caza en la oscuridad. https://www.covibar.es/  Mes diciembre nº 311  Página: 36

 

¿EL ESCRITOR DEBE MORIR?

Cristina Gallardo

John Kennedy Toole decidió quitarse la vida en 1969 al no ver cumplido su sueño de publicar su novela La conjura de los necios −bueno, supongo que no sería una decisión tan simplista y habría más parámetros en la ecuación−, pero, tras la insistencia de una madre tozuda, la novela se publicó y fue reconocida con el premio Pulitzer en 1981.

Cuando, siendo adolescente, la novela llegó a mis manos, mi primera impresión fue meterla en un cajón, porque ni me atraía la trama ni despertaba en mí ningún morbo; pero siempre me ha apasionado leer y, por supuesto, le di la misma oportunidad que a otros desconocidos que pasaron por mis manos −a veces necesito la orfandad de lecturas maravillosas.

El comienzo no me gustó y el personaje me asqueó desde un primer momento, pero, a medida que la obra avanzaba, me maravilló cómo Ignatius J. Reilly comenzaba a cobrar vida y decidí embarcarme junto a él en la loca aventura que se escondía tras aquellas páginas.

Confieso que no terminé el libro por lástima, lo leí por respeto y no sé si J.K.Toole hubiera escrito algo mejor de no haber tomado aquella brutal decisión, pero lo que escribió fue suficiente para pasar a la historia.

HOPPER, Edward_Habitación de hotel, 1931_594 (1977.110)

Sin embargo, a veces pienso que lo que se llevó a Toole está ahí afuera esperando a muchos de nosotros. Desconozco cómo escriben otros autores, solo sé que en cada historia que construyo dejo como firma una pizca de mi alma, incluso en los personajes más despreciables como mi Ádam reposa un poco de humanidad.

Ádam Huxley nació para liberarme de una obsesión adolescente: el suicidio de una amiga de la familia que, aparentemente, tenía muchas cosas por las que vivir. Yo quise crear un personaje opuesto −aviso de spoiler−, poco agraciado, xenófobo, obsesivo, con demasiadas carencias afectivas, alguien que, haciéndolo todo por amor, acaba destruyéndose a sí mismo hasta que no queda nada que salvar y termina por convertirse en un monstruo. Mi monstruo.

Ádam es el protagonista de mi novela Donde sueñan los almendros, y es especial pues cobró vida ante mí, ya que él no hablaba porque yo pusiera palabras en su boca, sino que yo escribí lo que me dictó su desequilibrada cabeza.

Siempre supuse que el escritor debía mantenerse al margen de los sucesos que golpean con furia a su personaje, igual que el fotógrafo debe contenerse y no intervenir con el fin de mostrar al mundo las injusticias, pero una duda me atormenta: si fui yo quien le obligó a vivir ese calvario, ¿no debería realizar un acto de amor por él igual que lo hizo Toole?, porque, al morir, salvó a su personaje de caer en el olvido.

Llevo luchando por Ádam toda mi vida de escritora −más de los años que luchó la madre de J.K.Toole−, porque el desprecio con el que han tratado mi obra me lleva a preguntarme si el camino correcto para dignificarla no será el que tristemente tomó Toole.

CRISTINA GALLARDO. Escritora. Ha publicado las novelas Donde sueñan los almendros, De donde yo vengo… no hay gaviotas y La rebelión de los papamoscas.

https://lamiradademonalisa.com

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