Versos, a la calle, de Emilio González

Desde las alturas de la estantería,

un verso disparó sus letras

y alteró la armadura del custodio.

 

Poco supimos de aquella tempestad

que no dejó virtud en pie,

ni lánguidas aspirantes a princesa.

 

No quedó un violín bien afinado,

ni hubo quien hiciera frente al viento

que arrasaba la pureza.

 

Llegó al fin el final,

un temporal de páginas y mares

contra la estatua del insomnio.

 

Aquí y allá valientes versos

crecían sin orden ni mesura

y entregaban al viento su belleza.

 

Escoba de quince (abecedario de poesía), de Emilio, González Martínez. Ediciones Vitruvio, 2014.

VERSOS A LA CALLE [1600x1200]

Kichay, de Alejandro Romera

“Su intención era volver a leer el cuento que le había dejado asombrado la tarde anterior, pero lo que encontró le dejó todavía más asombrado. La historia comenzaba de otro modo. Las palabras no eran las mismas”.

“…cerró el libro, sin leer el nuevo relato, y volvió a abrirlo sin esperar siquiera unos segundos. Todo se había reordenado en su interior y un cuarto texto, completamente diferente, aparecía frente a sus ojos. Lo tiró al suelo y huyó hasta la calle, aterrorizado, sin comprender qué estaba pasando. No podía existir libro alguno capaz de mutar la tinta de sus páginas en un instante, no era posible”.

Kichay, de Alejandro Romera. Chiado Editorial

Sin título

La letra perdida, de Fernando López guisado

Entre los precipicios de la madrugada

hay momentos en los que el mundo deja de existir.

Todo parece detenerse.

Son recuerdos fugaces de un eco más anciano que el universo.

Sufro la maldición de tomar conciencia en esos instantes.

Me mantengo inmóvil, haciéndome el dormido

para que la oscuridad no me devore.

Finjo que no escucho susurrar a sus sirvientes por el cuarto

bajo los latidos de mi propio corazón. Intento

apaciguar esa campana que galopa acelerando en mi cerebro,

que pide huir,

que pide a gritos huir igual que verdad entre olas.

Pero no hay profundidad donde esconderse de uno mismo.

Acabo devorado

y devorándome….

La letra perdida, de Fernando López Guisado. Ediciones Vitruvio.

FERNANDO L

Nuestras cosas de todos los días, de Emilio González

¿Cuáles son las diferencias en las formas de goce de un hombre y una mujer?

“El orgasmo es un punto de desvanecimiento del sujeto, sea hombre o mujer. Entre el goce orgásmico y el sujeto propiamente dicho hay un tiempo de exclusión… La experiencia orgásmica le quita al sujeto sus cimientos identificatorios.

El goce orgásmico hace estragos en el sujeto, aniquilándolo durante unos instantes. Los efectos subjetivos de este eclipse nunca faltan: van desde la más liviana desorientación hasta la angustia profunda, pasando por todos los grados de la confusión y de la evitación.”

Fragmento del libro “Nuestras cosas de todos los días”, de Emilio González Martínez. EPBCN Ediciones

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Así en el cielo como en la tierra, de Luis Vega

“Desde pequeño he tenido mucha preocupación por saber qué pasaría después de muerto. ¿Qué se siente en ese instante? ¿Cómo serían los primeros momentos después de la muerte?

El día que decidí quitarme la vida, Alicia estaba fregando los platos.

Tomé una pequeña dosis. Cerré los ojos, tomé aire y, de un trago, con la imprescindible ayuda de un buen Rioja, inicié el principio del camino a la deseada eternidad.”

Fragmento del capítulo “Lo que se oye después de muerto”, del libro de relatos “Así en el cielo como en la tierra” de Luis Vega. Ediciones Letras Vivas.

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Cuaderno de interior, Ricardo Virtanen

Es inconcebible la vida sin esquinas oscuras, sin sombras que todo lo impregnan. Tratamos de huir de la desesperanza y realmente huimos de nosotros mismos. El dolor nos custodia y nos hace esclavos de cualquier momento que entra en nuestras vidas de puntillas, y de tal irrefrenable manera se aleja entre sollozos que no son los tuyos. De modo que hoy toco todo con mis dedos: la tristeza, la melancolía, el dolor, la angustia, la soledad. Todo en impecable certeza. Asusta vivir sin horizonte. De lo que se engendra yo soy la actora, e quien lo corrompe non es sinon yo.

Cuaderno de interior, de Ricardo Virtanen. Ediciones Baile del Sol.

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Nicolás Koriolov, de Gonzalo Bizama

¿Qué hace que un hombre abrace con tanto rigor y pasión la causa de su vida? La historia familiar, la tradición, puede ser un motivo muy potente en la vida de una persona. Muchos pensarán que soy un personaje extraído de una novela de Tolstoi, pero no es así. Nicolás Koriolov Demianenko, “el Capitán Nico” me dicen. Ruso de nacimiento, chileno por convicción.

Una vez que nos trasladamos a Chile, siempre tuve claro que el empeño de mi vida sería refrenar, desde el Estado, todo espíritu de disenso en la sociedad civil. Puedo decir sin ambages que lo llevo en la sangre, en los genes. Soy capaz de captar, de olfatear en el aire cuando un individuo presenta algún síntoma de descontento, cuando tiene el alma atormentada y se reíste a su suerte. Lo noto en sus ojos, su vestimenta, la forma como camina, y me digo:”Este tipo es un alborotador, más aún, un subversivo en potencia.”

“Los cuentos del antipoder”, de Gonzalo Bizama. Ediciones Oblicuas

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Bajo los tilos, de Fernando López Guisado

Bajo los tilos

Lo supe.

 

Aunque sucediera el hielo

y enmudecieran las estaciones.

En esa avenida de mi alma

el cielo siempre será un aplauso de hojas

con nuestras manos juntas, como besándose,

temiendo quizá perder un sueño

si aflojan ese abrazo inadvertido.

 

Eso es el poema:

preservado momento;

siempre rebrotando

incombustible,

aguardándote.

Reconstruyéndose en cada futuro.

Deconstruyéndose en cada sonido.

 

Como ambos entonces, en aquel junio

sincero, fresco, paseando en silencio,

cogidos de la mano,

bajo los tilos.

La letra perdida, de Fernando López Guisado. Ediciones Vitruvio

 

lo supe

Siempre amanece por Oriente, Roberto Alhambra

El sol se pondría pronto. Los dos templarios se echaron a volar dirección norte. Surcaban los invernales aires helados típicos de aquella época del año a finales de la Estación de las Tormentas. Montado en aquella maravilla alada, la noche pasó fugaz ante los ojos del joven Antígonos.

Bajo el suave plumaje sentía la presencia de los músculos poderosos del ave. Los halcones seguían un rumbo invisible trazado a través del manto oscuro de la noche. ¿Cómo se guiaban atravesando el cielo? ¿Seguirían el rumbo de las estrellas?

 Fragmento de la novela “Siempre amanece por Oriente”, Volumen I de “La alianza de los tres soles” de Roberto Alhambra. Editorial Ilarión.

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Los cuentos del Antipoder, Gonzalo Bizama

“Al igual que toda Italia, debo a mi abuelo Cóssimo la preocupación por la cultura, el arte, el conocimiento y todo lo que tenga que ver con la erudición en general. Con mucha imaginación y valentía nos liberamos así de la prisión del miedo y la obscuridad.

Cuando asumí el control del estado, pocos me otorgaban posibilidades de lograr mis objetivos, y tuve que combatir fuertemente a mis adversarios, especialmente a los Pazzi.

Cóssimo nos enseñó a reordenar la realidad, a anteponer la belleza ante todas las cosas y contribuyó grandemente a crear un nuevo mundo a partir de la cultura. Merece que haga mención que prácticamente todos los que estudiaban en nuestros jardines llegaron a ser excelentes artistas, porque no solo es necesario saber distinguirlos sino también recompensar sus aptitudes. Apoyábamos sus creaciones aun a riesgo de que en un principio parecieran feas y carentes de todo arte. Seguramente algunas de ellas pervivirán durante años.

Un viejo amigo me preguntó el otro día:

—- Lorenzo, ¿te arrepientes de algo en todo este tiempo?

—- De nada, carísimo amigo –le respondí–. Habría dado la vida por más belleza y menos poder.

Fragmento del capítulo Rinascita (Renacimiento) de Los Cuentos del Antipoder, de Gonzalo Bizama. Ediciones Oblicuas.

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